lunes, 21 de marzo de 2011

Casadas con Miami, o la decadencia de la mujer

Casadas con Miami, o la decadencia de la mujer



Antes de todo aclararles que soy mujer y aunque no soy feminista, tampoco soy machista. El gris existe. Pero vayamos al tema del que les quiero hablar: Casadas con Miami.

Este programa da la oportunidad a cinco mujeres ricas de mostrarle al público español cómo es su día a día con tantos millones en el banco. Un estrés, oiga. Que si hoy voy al masajista o me voy de viaje en mi jet privado, que si cuál coche (por encima de 90.000 euros, claro) escojo hoy entre los 15 que tengo, que si cuál barco me compro, que si qué parte del cuerpo me opero… entre otras indecisiones de cualquier mujer que se precie. Esperemos que ningún hombre tome como ejemplo de mujer a cuatro de estas mujeres. No todas somos ladronas. A los que no han tenido la oportunidad de verlo les presento, un poco por encima, a tan afortunadas señoras.

* Marta Vila, 48 años, de Barcelona. Divorciada y no precisamente de un pobre, tiene dos hijos. Da la impresión y seguramente no equivocada de no haber trabajado en la vida. Vive en una mansión de Miami Beach, una de las casas con las que su marido la tuvo que compensar tras el divorcio. En prácticamente todas las imágenes que salen de ella no se la ve sin una copa de champán en la mano (Moët Chandon, ovbio). Le encanta salir de fiesta por la noche y reconoce que la mejor manera de recuperarse de una noche loca es desayunar con una copa de champán. Aunque se declara una mujer sencilla que se puede bañar sin diamantes sin que esto le ocasione ningún trauma, ha encontrado un novio rico que como primer regalo (a todas nos ha pasado alguna vez, seguro) pone a su nombre un barquito de 7 millones de euros (de menos no, que sino ya se considera una baratija). Es lo que todos consideraríamos una mujer luchadora y trabajadora que saca a sus hijos adelante aunque sea de rodillas (ya me entienden). Utiliza la experiencia adquirida con su divorcio para ayudar a María Bravo (otra de las 5) a sacar todo el partido (léase “te voy a dejar sin un duro, que para eso me casé”) al ricachón que estaba casado con ella. “Hay que ser fría y dejar los sentimientos a parte” (si alguna vez existieron, guapa).
* Esther Porto, colombiana, pasa de los 40 (y quizá de los 50) seguro, aunque nadie lo diría. Tiene a su servicio a un muy buen cirujano plástico. Está en proceso de divorcio y alguna de las perlas que ha soltado durante los dos primeros capítulos es, por poner un ejemplo, que está enamorada de su perro y que éste es el hombre de su vida. Empezamos a entender su divorcio. Lloró más cuando ingresaron a su perro tres días que cuando murió su padre. Una hija ejemplar, vamos. No tiene hijos ni instinto maternal hacia nadie que no sea perro y se llame Matías. Es una mujer de su tiempo y comparte la custodia del animal con su ex marido, que actualmente vive en Alemania. Su perro es tan fino como ella y sólo viaja en jets privados. Es hortera hasta la saciedad, tiene a la mujer de servicio harta de tanto grito, y sus tres prioridades (a parte de Matías) son el “fashion”, la cirugía plástica y las compras. Se acaba de comprar un caballo que cuesta más de 30.000 euros llamado, no podía ser de otra manera, Hollywood. Sólo conduce Aston Marin. Como vemos, esta mujer representa con vehemencia el paradigma de la sencillez.
* Renata Black, también colombiana. Casada con un magnate de la aviación. Presume de los cuadros que tiene en casa regalados por su marido, pero no tiene ni idea de pintura (ni de vergüenza). Hace quitar un cuadro del salón, un Picasso, porque el fondo es demasiado negro y el marco no le gusta. El diseñador de interiores que tiene contratado no sabe si tirarse al tren, o a la taquillera, al escuchar semejante disparate. Organiza desfiles de lencería para lograr fondos y poder ofrecer microcréditos a mujeres pobres. Muy solidaria con el dinero de los demás. Con el suyo (véase el de su marido), se dedica a comprar vestidos de Gucci o Cavalli, entre otros, y joyas carísimas por doquier, no vaya a ser que se divorcie y se quede en la calle. Da lecciones de vida que hacen reflexionar. Un ejemplo, recomienda a toda mujer que quiera hacerse rica que se case y se quede preñada, cuantas más veces mejor. “Parir no es de pobres, es de mujeres, y fíjate si es importante que a las reinas es lo primero que se les pide en cuantito que salen de la iglesia recién casadas”. Ahí queda eso. Ella debe haber asegurado bien su patrimonio, porque a pesar de los consejos no tiene hijos, ni edad para tenerlos.
* María Bravo, conocida en España como la ex de Bruce Willis. Actualmente se está divorciando del biznieto de Cartier. Parece apenada de verdad. Su familia vive en Marbella y es de origen humilde. Trabaja organizando galas benéficas. Es amiga de Alejandro Sanz, Antonio Banderas y Eva Longoria, entre otros. Viendo sus orígenes sorprende que se le haya subido el dinero (que no el éxito) tanto a la cabeza. Tiene a su madre asustada con el precio de los vestidos que se compra. Su amiga Marta Vila le organiza citas a ciegas sin demasiado éxito. Los maromos la toman por lo que es, rica por encoñamiento. Una vuelta a los orígenes no le iría mal, ni tampoco un buen consejero.
* Victoria Armony, hija de condes o marqueses. En mi opinión, no pega en el programa. Es una mujer rica, casada con otro rico, pero tiene clase, estilo y un señorío que indica que ha vivido siempre en un estatus social elevado. Lleva ropa cara sin llegar a ir disfrazada. Es la más sencilla de todas y admite que, aunque lleva zapatos Manolo Blahnik, se los compra en las rebajas. Lo dicho, rica pero normal. Sobra en este programa.


Alba Marchador

2 comentarios:

  1. Interesante información. Voy a ver si me ligo a una. Meditaré a cual, je, je.

    ResponderEliminar

Gracias por vuestros comentarios, en breve serán públicados.